No todos los seguros de vida cubren lo mismo. La cobertura básica es el fallecimiento, pero puedes añadir invalidez o enfermedades graves para protegerte también en vida. Entender qué cubre cada una te ayuda a contratar lo que realmente necesitas, sin pagar de más ni quedarte corto.

En esta página repasamos las coberturas principales, para qué sirve cada una y cómo calcular un capital adecuado con la regla DIME. Es información general orientativa, no asesoramiento de seguros: la cobertura concreta dependerá siempre de las condiciones de tu póliza.

Fallecimiento: la cobertura básica

La cobertura de fallecimiento es el corazón de cualquier seguro de vida: si la persona asegurada fallece, la aseguradora paga el capital contratado a los beneficiarios que hayas designado. Ese dinero sirve para cubrir deudas, sustituir ingresos o sostener a la familia.

Es la cobertura imprescindible si tienes personas que dependen de ti económicamente. Conviene revisar bien la designación de beneficiarios y mantenerla actualizada ante cambios vitales (matrimonio, hijos, divorcio), para que el capital llegue a quien tú quieres.

Invalidez: protección estando vivo

La cobertura de invalidez, normalmente la absoluta y permanente, paga el capital si una enfermedad o accidente te incapacita de forma definitiva para trabajar. Es una protección muy valiosa porque cubre un escenario que, económicamente, puede ser tan duro como el fallecimiento: dejas de ingresar y, además, pueden aumentar los gastos.

Para autónomos y para quien sostiene los ingresos del hogar, suele ser una cobertura especialmente recomendable. Revisa con atención cómo define cada póliza la invalidez y qué grado exige, porque las condiciones varían entre compañías.

Enfermedades graves: un complemento a valorar

Algunas pólizas permiten añadir la cobertura de enfermedades graves, que adelanta un capital si te diagnostican una de las patologías incluidas (por ejemplo, ciertos tipos de cáncer, infarto o ictus, según el contrato). Ese dinero puede ayudarte a afrontar tratamientos, adaptar tu vida o cubrir ingresos durante la recuperación.

No todas las enfermedades entran ni en las mismas condiciones, así que lo importante es leer la lista de patologías cubiertas y las exclusiones. Es un complemento que encarece la prima, por lo que conviene valorar si encaja con tus necesidades y presupuesto.

Cuánto capital asegurar: la regla DIME

Tan importante como elegir coberturas es acertar con el capital. La regla DIME te da una estimación orientativa: suma tus Deudas (sin la hipoteca), tus Ingresos anuales por los años a cubrir (por defecto 10), la Hipoteca pendiente y la Educación de los hijos (unos 30.000 € por hijo, orientativo), y resta tus ahorros y seguros existentes.

El resultado es un punto de partida, no una cifra exacta ni una recomendación personalizada. Ajusta los años a cubrir y los gastos a tu realidad. Puedes usar nuestra calculadora para obtener tu cifra orientativa y, si lo deseas, contactar sin compromiso con un comparador o correduría.